Lo mismo para los hombres
que para las mujeres, la sensación de vacío puede durar toda una
vida, puesto que los padres son padres para siempre, incluso del niño
muerto. El problema emocional es casi imposible de resolver porque no es perceptible,
sólo se trata de un recuerdo. Como al niño no nacido le fue negada
la humanidad, le es negada también una sepultura o una señal.
En la decisión del aborto, con demasiada frecuencia el cometido del varón
es marginal y pasivo. Puede que sea pasado por alto por su mujer, ignorado en
la clínica abortista y desamparado en el acto y las secuelas del propio
aborto. Este conflicto de funciones bien puede ser responsable parcialmente
del aumento en la disfunción sexual masculina. La experiencia clínica
demuestra que los hombres se vuelven hostiles cuando han sido excluídos
de la toma de decisiones y cuando descubren que han sido engañados y
manipulados.
Convertirse en padre es, por supuesto, mucho más complejo que el contacto
sexual y la concepción. Es un proceso que incluye el desarrollo de ciertas
cualidades, objetivos, actitudes, etc. Para los hombres lo mismo que para las
mujeres, el aborto detiene bruscamente este proceso y crea un vacío en
el que abundan la confusión, la ambivalencia, la culpabilidad y la hostilidad.
En ninguna parte se siente más dolorosamente la experiencia del aborto
que en el campo de la expectativa del padre, responsable y protector de sus
seres queridos. Los resultados de una encuesta nacional indican que tres de
cada cuatro personas que respondieron creen aún que el hombre ideal es
aquel que lucha para proteger a su familia. Sin embargo, ¿cómo
podrá un hombre proteger a su hijo cuando la ley no le permite involucrarse
en una decisión de vida o muerte?
Realmente, con el aborto se ha comprobado la doble escala de valores para los
hombres y las mujeres. Mientras está garantizado el (falso) "derecho"
a abdicar de la futura maternidad, no lo está el derecho del padre a
proteger su futura paternidad. Cuando las mujeres escogen el aborto, aún
por encima de los deseos del varón, se habla de la proclamación
de los "derechos" de las mujeres, de la libertad, de la opresión
masculina, etc. Pero cuando los hombres fomentan el aborto para sus parejas,
está tipificado (y con toda razón) como coacción, falta
de afecto, insensibilidad y egoísmo.
Por otra parte, el renunciar a la responsabilidad encaja bien en el pensamiento
abortista. Para los hombres que no se interesan en las mujeres que dejan embarazadas,
el aborto es un elegante sistema de abdicación de su responsabilidad.
Sin embargo, una vez que ha tenido lugar el aborto, los varones pueden requerir
tanta ayuda emocional como las mujeres. Para cualquiera de los dos sexos, la
pérdida de un hijo no es una pérdida como otra cualquiera. La
culpa y la pena pueden ser persistentes, y no pueden quitarse a base de fuerza
de voluntad.
Uno de los mejores remedios para disminuir la culpabilidad es la revelación
de uno mismo. Hablar de los viejos asuntos inacabados ayuda a disipar la culpabilidad
y con ello se consiguen pequeños milagros.
La reconciliación con la muerte del hijo aún no nacido implica
finalmente el acto del perdón. El perdón por el aborto cometido
surge tras estar dispuesto a reconocer su verdad y a expresarla.
En el problema del aborto, tanto investigadores, como consejeros y mujeres no
han caído en la cuenta de las consecuencias trágicas que resultan
para los padres. Los hombres también son víctimas del aborto junto
con las mujeres y los niños aún no nacidos. Con frecuencia sufren
en silencio, desconcertados y frustrados. La solución no vendrá
hasta que impere el amor, se garantice una auténtica igualdad de los
sexos y se reconozca que el aborto nunca es la solución.
El hombre sufre un cambio desde el primer momento en que se entera de que su
esposa está embarazada; aunque no se de cuenta de ello, conscientemente
o no, ha asumido ya en ese momento el papel de padre. Un estudio llevado a cabo
por Shostak y MacLouth reveló que la imagen de la "paternidad"
permanece en la mente del hombre siempre, y que persiste aún después
del aborto en sus pensamientos sobre cómo habría sido el bebé.
Esté o no de acuerdo el padre en que se realice el aborto, aunque opine
que el feto es un ser humano o por el contrario "un puñado de tejidos"
(como falsamente opinan muchos), sabe que el aborto impide que continúe
desarrollándose una vida, y que pone fin a un proceso que si no se hubiera
interrumpido, hubiera culminado en un niño: su hijo.
Los efectos psicológicos producidos por el aborto están muy relacionados
con los roles tradicionales del hombre, de los cuales hablé anteriormente,
a veces hasta los determinan. Se supone que el hombre debe no sólo proteger
a sus seres queridos, sino que les debe proveer apoyo emocional. Muchas veces
los hombres sacrifican sus propias opiniones y emociones para apoyar a la mujer
que aman en el momento en que ella lo necesita. Comúnmente la decisión
de abortar es un secreto que no se habla con otros, ni siquiera la pareja habla
de él. Esta incapacidad del hombre de poder expresar sus verdaderos sentimientos
a la madre de su hijo, a su familia o a sus amigos, puede traer profundos problemas
psicológicos.
Muchos hombres han manifestado sentimientos de depresión, frustración,
vacío y culpabilidad. Toda esta tensión daña la relación.
Otros interpretan la decisión de la mujer de abortar como un rechazo
de ellos mismos, y de la innegable manifestación física de sus
relaciones, que es su hijo por nacer. Estos sentimientos de rechazo resultan
en un mayor número de problemas sexuales, que van desde la impotencia
hasta la promiscuidad. Muchas veces la culpa o la ansiedad y el remordimiento
son tan dolorosos, que la única solución parece ser terminar con
la relación. Recuerdo el caso de una pareja que tuvo relaciones sexuales
antes de casarse, las cuales resultaron en un embarazo. La mujer convenció
al hombre de que la solución más conveniente era el aborto. Él
estaba muy opuesto, pero ella lo convenció y él aceptó.
Más tarde se casaron y tuvieron dos hijos, pero la mujer afirma que su
esposo ya no es el mismo, es indiferente a las relaciones sexuales, verbalmente
abusivo con ella y físicamente abusivo con sus hijos. El se niega a recibir
terapia y están pensando en divorciarse.
Al igual que el bebé por nacer, el hombre es también víctima
silente del aborto. Una vez realizado el aborto, la intervención terapeútica
es vital. Es recomendable sacar a la superficie las emociones negativas y las
ansiedades, hablando sobre ellas. El reconocimiento de la culpa y de la ira
es un paso necesario en el doloroso proceso que finalmente resultará
en el auto perdón.
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